Category : Textos y articulos

Mitologias contemporáneas. Diario de Sevilla

Juan Bosco Díaz -Urmeneta.

Puestos a poner un principio, éste pudo ser Olimpia, el cuadro de Manet. Se cumple con él un giro del que surge el arte moderno. Podría considerarse una obra sacrílega: las antiguas Venus de Tiziano o Giorgione eran ya jalones sagrados del arte y la cultura, y sustituir su belleza ideal por la de una prostituta de Les Halles era todo un atrevimiento. Pero no era una provocación. El cuadro abría una nueva vía en el arte y pedía espectador una nueva mirada. El arte abandonaba la misión de re-presentar: dejaba de poner ante los ojos objetos reales o ideales. Olimpia no re-presenta, como la Venus de Tiziano, un ideal pero tampoco hace costumbrismo. Manet construye una imagen que evoca una presencia, la del deseo, esa fuerza que, sin rostro, va y viene por la ciudad moderna. Casi medio siglo después, Picasso hace algo similar: no desplaza al deseo a un fabuloso harén, como Ingres en El baño turco, sino lo aloja en Barcelona, calle Avinyó, dando a su objeto rostros arcaicos, como conviene a una potencia ancestral. El arte moderno, más que representar, construye una presencia, casi siempre silenciada, e invita al espectador a reconocerse en ella, en vez de dejar que su imaginación se deslice por las figuras del cuadro.

Las consecuencias

Lo que la rara de Virginia piensa es sencillo y con esto debe quedar claro de una vez por todas: los recuerdos, por naturaleza, son concretos. Así podría resumirse. El recuerdo es el brazo que con brío lanza una piedra, es la piedra en su desplazamiento, es la superficie del agua que se fractura por el impacto, es la sucesión de ondas concéntricas hacia su disolución y, de nuevo, la piedra estática en el fondo del lago. El recuerdo es el proceso, pero también las partes indispensables que hacen posible ese proceso. Y, como es obvio, la irascible de Virginia lo sabe bien. No ha de quedar por tanto ninguna duda sobre lo siguiente: a ella el coleccionismo le trae sin cuidado.

Érase que se era un osario florido

Silvia Alzueta Según Vitrubio en su conocido tratado, De Architectura, el ornamento u ornatus se diferencia de lo formal, o venustas, en que lo formal constituye lo importante y lo ornamental lo superfluo. En algunos períodos como en el Rococó este orden se subvierte, la forma arquitectónica se convierte en el soporte o el mero pretexto para una rica y variada decoración en la cual la yesería será máxime representante, pero también los paneles de madera, las telas, los tapices o los espejos…

Mariajosé Gallardo. Cortejos. Devaneos de lo pictórico

Francisco del Río. Sevilla 10

Cuando aparecen series con decenas de pinturas, multiplicadas en sus formatos homogéneos, pequeños por lo general, expandiéndose por los muros, ocupando como frisos y retablos las paredes, hemos de suponer que lo pictórico, tal como se entendió en la modernidad a través de la autosuficiencia de cuadros aislados, ya no basta. De todas formas no es nada nueva la idea de que la pintura se expanda más allá del cuadro; todo lo contrario: se hallaba en las paredes de las cuevas, en los frescos de las iglesias, en los conjuntos de los retablos, formaba parte intrínseca de la arquitectura haciendo lo construido construible, articulable, narrado, contando historias, principalmente peripecias de lo sagrado tanto en el cielo como en la tierra; historias sumidas en indistinguibles reflejos pintados y reflejos de luz natural.

Escaparatismo localista. situación Sevilla (rojo-amarillo-rojo)

ESCAPARATISMO LOCALISTA. SITUACIÓN SEVILLA. 05(Rojo-amarillo-rojo) Se espera encontrar como turista en una ciudad aquello que se conoce a través de las pelis, por ejemplo, pero aderezado con una versión ?underground? que sólo se alcanza gracias a lugareños simpáticos, aquellos que ejercen como guías turísticos excepcionales con intereses varios, los más, placenteros. En esta ciudad escaparate que se vale del folklore autóctono para atraer clientela, llama la atención que la tradición (en mayúsculas) también se instale no sólo en niveles como culturales, religiosos, artesanales, hosteleros… sino que maquille a firmas de moda internacionales con la intención de fidelidad a la misma y por supuesto en pro de ingresos favorables; la excusa del escaparate para seguir apropiándome de lo bonito de la zona, que no pintoresco; ?los atuendos para la ocasión? o el ?protocolo de la zona? obliga a pasear de la mano con el cuero, los cordeles y guarnicionerías vecinas, esta serie habla del ?look montero?, con el protagonista indiscutible del rojo-amarillo-rojo (combinación que honestamente me pirra); al igual que los autos de antaño cuando viajaban a ciudades vecinas de carácter competitivo, distorsionaban sus matrículas con pegatinas tipo ?I love esta ciudad? siempre para evitar roces incómodos, esta señal patriota se convierte en lo que unifica y es al mismo tiempo el ticket que proclama lo aburguesado o no que es uno. Seamos escaparates monos y seremos más queridos I love esta ciudad; portemos estandartes ligeros rojo-amarillo-rojo y evitemos deportivas en discos como sugieren algunos letristas.

Texto de la exposión La parte chunga. El arte joven sevillano de finales del siglo XX

Texto de la exposión La parte chunga. JM. Pereñiguez. Sevilla 02

MJG siempre encuentra rastros de sí misma- o de alguna de las ficciones que sobre sí misma ha construido- allá donde va. Así ha creado en torno suyo un abigarrado escenario de melodrama, en el que solamente ella detenta el poder de asignar a cada personaje o a cada objeto un fin determinado: servirla, desearla, también renegar de ella. Otras veces prefiere esconderse entre el público para soltar algún comentario envenenado, rapidísimo. Pero cuando la escena se despeja y ella se mira sin compasión, entonces es tan magnético y conmovedor que sólo puede ser algo increíblemente antiguo. Un oscuro destello “glam”, como sangre seca sobre jade recién tallado.

La función de la decoración en los cuadros de Mariajosé Gallardo Soler

La función de la decoración en los cuadros de Mariajosé Gallardo Soler. Michel Hubert Lépicouché. Vca. 04.

A nadie se le puede escapar el carácter barroco- incluso manierista- de la pintura de Mariajosé Gallardo Soler: presencia en ella de más lineas curvas que rectas; exuberancia de los elementos decorativos que enmarañan con sus encajes la casi totalidad del cuadro, como si esta artista sintiera un especial horror al vacío; desarrollo de la narración utilizando escalas distintas para producir saltos de lectura en un mismo cuadro, con el inevitable resultado de ciertas distorsiones de la lógica perspectiva, en total oposición a los cánones del estilo clásico. “En todas partes donde encontramos reunidas en un solo gesto varias intenciones contradictorias, nos advierte Eugenio D’ors, el resultado estilístico pertenece al barroco” (1). Para ilustrar el efecto pictórico producido por esa vena barroca en los cuadros de esta joven renovadora de la pintura debo también recurrir a ese otro maestro del estudio del barroco que fue Severo Sarduy, quien compara el enmañaramiento barroco con ese universo que la modernidad nos presenta como si de un verdadero patchwork se tratara, donde las galaxias tejen una tapicería maravillosa con complejos motivos dentro de inmensos espacios vacíos (2).

Te vas a divertir

Te vas a divertir. Pedro Alarcón. La fresa 06

Viendo una sola de las obras de María José Gallardo se siente un intenso aturdimiento; una especie de incapacidad para afrontar esa manera rabiosamente rococó de aglutinar un suntuoso racimo de imágenes. Ante cualquiera de esas pinturas, que pueden producir desprendimiento de retinas y corroer el resto de lo contenido en nuestras cuencas oculares, percibo un efecto narcotizante ?como en una procesión barroca en que todos los sentidos se ven invadidos, desde el olfato hasta el tacto-; y soy incapaz de detener mi atención, al menos en los primeros instantes de contemplación, en algún centro de gravedad. Porque los esquemas compositivos de esta pintora pacense se sirven del horror vacui, del abigarrado exceso, como un recamado e imposible manto macareno. Se solapan los objetos, que flotan en la superficie, al modo en que lo hacen también en las portadas de los libros baratos de crímenes y misterios resueltos por ancianas.

MJG. La piel de la cultura de consumo

MJG. La piel de la cultura de consumo. Luis Mayo

La página web de la artista es un prodigio de flashes y ventanas que se abren, como uno de aquellos libros infantiles con papeles troquelados que se desplegaban al pasar página. En apariencia Gallardo es una artista postpop, que juega irónicamente con los hallazgos de artistas anteriores ya asumidos. Aparentemente se trata de una artista que reivindica el arte hecho por las mujeres como un arte diferenciado.

MJG. La niña que olía a fresa ácida

MJG. La niña que olía a fresa ácida. Iván de la Torre Amerighi. ABC Cultural 04

Ésta es la historia: la niña que olía a fresa ácida ha crecido y se nos ha hecho artista. Mira tú por donde. Ya desde pequeña, se entretenía ensamblando objetos absurdos e inútiles, y, cuando pintaba, lo hacía con vivos y brillantes colores, aunque nada pareciera demasiado claro. Andados los años decidió estudiar.