Textos y artículos

Deseo y disciplina. Densidad material en las obras de Mariajosé Gallardo

Lioba Reddeker. Salzburg. 06

Al que conozca Sevilla, la obra de Mariajosé Gallardo le dará la impresión de trasladarse a esa ciudad impregnada de las culturas árabe, cristiana y judía, tanto en sus decorados como en los fantásticos y pomposos jardines. Si quisiéramos definir sus referencias iconográficas, situaríamos a la artista próxima a la tradición de pintura barroca (¡católica!); como por ejemplo, el cuadro votivo, que es una forma que parece acercarse mucho a los cuadros de Gallardo. De hecho, sus lienzos están salpicados de un derroche de actualidad en sus motivos, a la vez que en sus aspectos pictórico y estilístico ¿Acaso deposita la artista, sus votos modernos en el sagrado altar del arte, sabiendo, sin embargo, que no podrá cumplir su promesa? Tampoco su arte podrá darle sentido a todas las atractivas superficialidades de nuestro mundo consumista, ni ella podrá producir historias lógicas del “Hacia donde” y el “Desde dónde”, sobre todo porque reúne en sus obras todas las cosas y detalles, resultados y materiales, sueños y nostalgias como: pieles, piedras preciosas, plumas de pavo real, crema de helado, trenzas, ojos de gatos, pedazos de madera, rosas y retratos, siempre retratos en los que el espectador no podrá divinar la imagen. Esto está relacionado con el hecho de que Gallardo se basa en múltiples estilos de viejas revistas (como por ejemplo, los fascículos alemanes de Burda de los 70 y los 80). En su taller se encuentran en pocos metros cuadrados viajes fantásticos a través de las últimas décadas y sus prototipos e ideas de una vida justa y bonita. En sus cuadros llenos de mitologías personales, parece no poner mucho interés en una perspectiva correcta o en una narración exacta, como en enfrentar al espectador con sus propios deseos, con fantasías y rituales, con humores y reacciones, que nosotros, a menudo equivocadamente, creemos tener reprimidos o arrinconados.