Textos y artículos

Mariajosé gallardo. Apologia pro vita sua

José Miguel Pereñíguez. 2014

De cuando estudiaba en la facultad de Bellas Artes de Sevilla, recuerdo a una chica caminando por la acera opuesta de la avenida o del puente, a veces en mi misma dirección; otras, en dirección contraria. No se parecía a nadie que hubiese conocido ¿En qué podía andar metida? Era habitual en aquella casa, en aquellos tiempos: ver pasar a gente que te causaba cierta impresión e imaginarte su historia. Esas trayectorias paralelas podían cruzarse más tarde en otros lugares, pues aquella escondida senda (talleres, cursos, exposiciones) la seguíamos muy pocos. Entonces nos encontramos y pude conocer esta historia casi desde el principio.

 

Primeras obras (2000-2001)

Fondos de oro o blanqueados, hilo rojo, figuras recortadas como personajes de pantomima conminados por solemnes sentencias en latín (te·amata·capio), signos… Más tarde, modelos de pose abandonada, sangre (tal cual), estampados, garras de fiera… Celebración y desfiguración simultáneas de un mundo de hermosa apariencia y fondo convulso. Uno podía colocar aquellas obritas en un sitio visible para propiciar o ahuyentar algo. Se dice que sus pinturas no han perdido nunca ese poder.

 

Sala de eStar (2001-2006)

Por allí pasó todo el mundo, incluso quienes nunca estuvieron. Aquel lugar abierto al público, guardaba su propio secreto: un cuarto donde todo cuanto ella estimaba valioso era confiscado, tasado y clasificado en gruesos álbumes de recortes, colgado de las paredes o utilizado como mobiliario auxiliar de esas sesiones de pintura que empezaban a tener algo de ceremonia. Las paredes de la sala cambiaron la escala de sus obras y aquellos cuadros votivos se transformaron ante nuestros ojos en imponentes retablos a punto de caer. Pues tan frágil era en el fondo aquel juego donde la realidad, poseída por un primor implacable, se mostraba en  grandes paneles enlazados por gestos leves y asimétricos: líneas de un mural en fuga hacia un adorno de lentejuelas y plumas a medio desprender, orlas vacías, cortinas caladas,  espejos y molduras, ramitas con divisa de seda, altares incruentos ofrecidos a sí misma. Para todos nosotros la sala era un laboratorio. Ella convirtió aquel espacio en un camarín, un tesoro abierto a la curiosidad y a la bondad de los extraños.

 

La obra es la vida. Las formas del cuadro. (2004-2014)

En este imposible resumen, empecemos por sus cuadros sobre adhesivo reflectante. La sustancia opaca del óleo procuraba  allí hacerse ver y lo lograba a fuerza de deslucir el destello espectral del tornasol. Los temas eran bien ácidos: celebraciones de sus propias hazañas y vidas de heroínas poco ejemplares. Arabescos sangrantes engarzaban las escenas de estos modernos y deslumbrantes pliegos de cordel que pretendían hacernos menos ciegos al imperio de la belleza y a sus estragos.

Algo más tarde, la pintura se conjuró  para crear un fondo infinito por rellenar o un elaborado marco alrededor de un motivo central. Las figuras se ausentan con frecuencia de estas composiciones: bodegones o escaparates; listas de grandes éxitos o mantas de la perfecta chamarilera; prescripciones de estilo imposibles de cumplir o redes tendidas para que los espíritus selectos se den a conocer.

Las obras recientes presentan una idea de orden a través de esas imágenes-tipo que describen objetivamente las cosas: mapas y diagramas, árboles genealógicos, pirámides tróficas… Por medio del trampantojo, sus preciados enseres aparecen de pronto colocados en vitrinas, alacenas y relicarios. Y como raros anaqueles de tiempo funcionan también las viñetas que cuentan la leyenda, negra o dorada, de sus criaturas. Al desafío de reconocer cada uno de los elementos de este bizarro despliegue, se suma el de esclarecer las relaciones que guardan entre sí, firmes y secretas como el hilo de un telépata.

Estas fórmulas  y otras que me dejo se resumen en dos: el gran cuadro que intenta explicar un mundo por sí mismo y el abigarrado, laberíntico inventario de pinturas pequeñas pulidas como gemas. Y aún una tercera, doblando la apuesta: el abigarrado y laberíntico  inventario de grandes cuadros que explican cada uno un mundo, trabajados pulgada a pulgada con la finura con que se talla el diamante. No hay por qué elegir cuando se puede con todo.

 

Palabras clave

Eterno revival prerrafaelita, Gótico de la Reina Virgen,  Punk McQueenesco, Chic de montería, Macareno juanmanuelino,  Mix victoriano-eduardiano, Posbarroco, Heavy nórdico decolorado, Caligrafitti tudor…

 

La vida es la obra. La ermitaña.

Siempre me emociona recordar cómo se ha hecho todo esto. Aquellas primeras labores han alumbrado una verdadera vocación a la que Mariajosé se somete como a una ley de hierro. Las sesiones de pintura acaban noche tras noche casi con las primeras luces  y son un ejercicio -de precisión más que de paciencia- cuya tensión sostenida me resulta difícil de imaginar. Por medio de esa inmersión ritual, su visión se ha transformado: si esta era al principio distante e irónica, ahora me parece fundamentalmente entusiasta, pues ha encontrado en esas mañas de artífice tan constantemente repetidas un  dominio  propio, un auto-encantamiento. Más allá de apartamientos y amarguras pasadas, la pintora se esfuerza infatigablemente en extraer de cada cosa aquella rara propiedad que debe ser anotada al vuelo por la escritura del pincel -siempre más afilada, más sintética, más concisa- para construir una compleja e inabarcable alegoría de sí misma que encubre algo cada vez más  parecido a la desposesión, al exilio…

La cámara de las maravillas está a punto de cerrarse con ella dentro.