Textos y artículos

Pequeña, libre, personal e innecesaria interpretación de “Soy una salamanquesa”,

Que vengas del Infierno o del Cielo, qué importa,
¡Belleza! ¡Monstruo enorme, ingenuo y espantoso!
Si tus ojos, tu risa, tu pie, me abren la puerta
de un infinito al que amo y nunca he conocido?”
Charles Baudelaire

Revolotea la muerte, bate sus alas sin agresividad, pues la vida está presente, podría ofenderle cierta irreverencia. Entre ellas nos encontramos, arrojados, observando sus pertinentes bellezas mientras ellas se cuelan entre las fisuras de nuestros miedos y nuestros traumas, hiriendo los tabúes que arrastramos. Obsesionados por dominarlas, no encontramos más respuesta que su montuosa presencia, que su indómita existencia. Han dejado su rastro al cabo del tiempo y a las civilizaciones nos les ha quedado otra opción que alzarlas al firmamento, que no es otra cosa que el reino de lo desconocido. Aquí seguimos, temiéndolas como se teme a lo adorado, adorándolas como se adora a lo temido, confundiéndolas, pues ¿no es la vida más muerte que la propia muerte y la muerte más vida que la propia vida?

Guillermo Amaya Brenes