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Elvira Dyangani Ose. Sevilla 07

“La pintura y la aplicación de barnices y esmaltes son actividades útiles y entretenidas: toda persona apabullada por la tumultuosa vida cotidiana, puede encontrar en ellas un entretenimiento útil y un retorno a los apacibles tiempos de los gremios artesanos. Sin embargo, para dedicarse a estas tareas, sencillas y complicadas a la vez, es preciso tener determinados conocimientos que, si bien someros, eviten que se convierta la casa en un campo de batalla”.

Confieso haber leído de pequeña alguna novela de Corín Tellado. No recuerdo haber entendido demasiado, ni siquiera recuerdo el título, pero sé que algo de la intriga de sus intensos diálogos y sus rotundos finales, caló en la romántica adolescente que siempre he sido. Títulos como “Mama no se casa”, “Marcada para siempre” o “No tolero que me engañen”, son algunos de los más de 5.000 volúmenes que completan la prolífera producción de la segunda escritora en español más leída después de Cervantes. Cómics como “Esther y su mundo”, ilustrado por Purita Campos, junto a otros muchos ejemplos de manifestaciones literarias, visuales y sonoras de la cultura pop, acabaron por definir en parte la mujer que soy hoy.

No puedo precisar cuántas novelas de Corin Tellado -y otras autoras de la época- habrá leído Mariajosé Gallardo, pero estoy segura de que al menos ha visto cientos de sus portadas y ha reflexionado sobre muchos de sus títulos. Y, si no juzguen ustedes mismos? “El caso de la prometida falsa”, “¿de verdad crees que tengo mala sangre?” o “Juro que digo la verdad”, son algunos de los títulos de sus obras. Pero no es sólo en los títulos donde encontramos una clara alusión de la artista a la iconografía de la novela rosa o de las guías de ama de casa.

La mayoría de las pinturas de Gallardo son retratos de mujer. Ellas, rubias, morenas o trigreñas, se muestran bajo una estética vintage. Las hay que posan para la portada de una revista de moda, para un anuncio de cosméticos o para un magazine de decoración; otras en cambio, son perfectas amas de casa, cuyas instantáneas aluden a distintas situaciones de la vida cotidiana. Los rostros, casi siempre en primerísimo primer plano, muestran una mujer preparada para todo, incluso cuando la mirada del espectador la sorprende peinándose o sacudiendo contra su piel unos polvos compactos. Algunos son rostros juveniles e inocentes, pero irresistiblemente sensuales. Otros maduros y determinantes, donde escasea la frivolidad. Abunda en ellos una belleza antigua, casi nostálgica, como si insistieran en cánones de otro tiempo. En obras como Revistas (2006), la artista parece acatar el decálogo de Eva. El arte de ser mujer, una imprescindible enciclopedia gráfica femenina, que ilustraba las distintas funciones de la mujer en la vida moderna a finales de los sesenta. Los conceptos desarrollados en aquella publicación presentaban un amplio rango: desde la administración de la casa, el interiorismo o la indumentaria; al trato con el esposo, el cuidado de los hijos y la gestión del servicio doméstico. Principios de economía e higiene en el hogar aplicados a la moral de aquellos tiempos. Un código ético que se reflejaba en muchas de las publicaciones semanales que contenían en la página de créditos una calificación de su “asesor moral”. Las calificaciones determinaban si la obra era “apta para todos los públicos”, “apta para personas formadas” o “apta para personas muy formadas”. Este distintivo se acompañaba de un dibujo en el que aparecían tres figuras sombreadas: un hombre, una mujer y una niña. Como pueden imaginarse, la silueta de la pequeña aparecía tachada en las dos últimas. Además, la editorial advertía que la obra y sus personajes eran fruto solamente de la imaginación del autor y que cualquier semejanza con la realidad era pura coincidencia.

La mujer en las obras de Mariajosé Gallardo también forman parte de la imaginación de la autora. Esa mujer es la protagonista de una novela por entregas, una mujer de folletín, mucho más avanzada que las féminas de su tiempo. Es una mujer de época, que como ocurría con las retratadas por Tellado, reflexionan sobre los cambios más relevantes del pasado siglo en materia de género. Pero más allá de la ficción, revistas como Ama (1960), Belleza y Moda (1969) o Dunia (1976), publicaciones como la enciclopedia gráfica femenina o los libros-anuarios del ama de casa, estaban dirigidos a crear esa nueva mujer, a construir una identidad de género femenino y feminista. Para ellas es el final de los años cincuenta en España: son políglotas, se preocupan por la educación, ejercen como profesionales liberales y en algunos casos son independientes. La economía está en pleno auge, la sociedad está en un proceso acelerado de cambio; del mundo rural a las grandes ciudades y de la pobreza a la sociedad de consumo. Se imponen pautas de domesticación en el ámbito urbano, políticas de acceso a la vivienda y con estas, llegan dos elementos indispensables de ese periodo: el automóvil y los electrodomésticos.

Uno de los personajes de Gatino (2007) mira desenfadada al espectador mientras intenta poner un disco de vinilo. La curiosidad le lleva a uno a pensar, qué pasaría si abriésemos el plano de la imagen. Qué habría detrás de esa escena o más bien a su alrededor. Puestos a imaginar una posibilidad sería que dicho personaje estuviese inscrito en la sofisticada House of the Future (1956) que Peter y Alison Smithson diseñaron para el concurso del británico Daily Mail. O, porque no tal vez, escuchara música cómodamente en la casa automatizada de Mon Oncle (1958), la inolvidable obra de Jacques Tati. No parece la perfecta ama de casa, ni estar en la perfecta residencia familiar. Lo más probable es que el suyo (el de una joven trabajadora independiente) se ciñera a las características del apartamento moderno o mini-vivienda, ya por entonces de 30 m2, en el que la eficacia de la tecnología tenía un papel esencial. Pero la ingeniería doméstica y la arquitectura de interior, tenían dos precedentes significativos de organización eficaz de los espacios domésticos, en el siglo XIX. Las viejas propuestas de las norteamericanas Catharine Beecher y Isabella Mary Mayson, que han quedado recogidas en A Study In American Domesticity y Mrs. Beeton’s Book of Household Management, respectivamente. Precedentes de publicaciones periódicas contemporáneas y base fundamental de libros y modos de hacer posteriores, estos tratados determinaban por ejemplo, la localización ideal de una casa, la distribución de espacios estratégicos como la cocina o la sala de estar, pese a que ninguna de sus creadores fuese arquitecto. También se podía encontrar en ellos, consejos para el control alimenticio, recetas de cocina, sistemas de organización del dietario personal y consejos para una vida saludable. Durante la primera mitad del siglo XX, proliferaron las revistas femeninas que pretendían aconsejar a las mujeres sobre como arreglar la casa, hacer adornos florales o sacarle el mejor partido a un lavado. Revistas como Laides’ Home Journal, Woman’s Home Companion y House and Garden, adem·s, mostraban un férreo compromiso con la arquitectura moderna. Tendrían que pasar más de cincuenta años para que la cocina victoriana se transformara en un espacio de tendencia en el que convivían funcionalidad y estilo. Un espacio sofisticado y glamouroso donde la mujer estuviese el menor tiempo posible, para que, ayudada por los electrodomésticos, pudiese dedicarse a disfrutar de su tiempo de ocio.

Las revistas femeninas contemporáneas han superado el ámbito de lo doméstico para asesorar a la mujer en todas las facetas de su vida. Como ocurriera en los años 60 en España, previamente en otros países, la identidad mujer se define a imagen y semejanza de modelos establecidos en el contexto internacional. La mujer responde a arquetipo creados por grandes corporaciones y no por códigos morales de los gobiernos. El imperio de la norteamericana Martha Stewart, o grupos editoriales a quién pertenecen publicaciones, como Elle, Vogue, Woman, Cosmopolitan y sus afiliadas, Elle Deco, Nuevo Estilo, etc? determinan los rasgos, la forma de vestir y la forma en la que vive la mujer del siglo XXI.

En las obras de Gallardo existen otros personajes u objetos que forman parte de los cuadros de gran formato como Revistas (2006), Patchwork (2007) o Cita (2007), o que constituyen una obra en si mismos, como Adornos florales (2006) o Siglas (2007). Parejas de enamorados, niños solos, madres con niños? todos ellos rodeados, en ocasiones, por unos motivos decorativos en punto croché o petit point, muy persistente en el trabajo que ha desarrollado la artistas en sus últimas series. “Yo no tengo la culpa de que me gusten tanto las cosa bonitas, las que más me gustan me gustaron desde la primera vez que las vi” escribiría con motivo de la exposición Para mí eres la número 1 (2002). Ese gusto por el abarrotamiento de lo precioso, ya sean joyas, flores, papel pintado, abalorios varios, cosmÈticos, pero también, platería, juegos de mesa, bombones, helados o delicatessen, está presente en muchos de sus trabajos. Las redundantes siglas y diminutivos funcionan como autorretratos, pero son más comedidas que Parte de mi equipo profesional I, II o Retrato desenfocado, una de las pocas ocasiones en las que la artista muestra su rostro a la cámara.

La pintura es también, como en la literatura de la asturiana, una producción en serie. Como ocurriera con el arte pop, en la obra de Gallardo se repiten una y otra vez, modelos de mujer únicos. Iconos de la baja cultura, camuflados tras decorados inauditos y bodegones barrocos. Como si siguiera una receta codificada a la que un día le añade especias en vez de sal, nos muestra los mil y un rostros de las protagonistas de su pintura.

Sospecho que, en alguna ocasión -como es mi caso- Mariajosé Gallardo, fue la niña tachada de la calificación moral. Lo recuerdo porque en esta exposición incluye una obra llamada Cita (2007) en la que puede leerse el n·mero de teléfono de la artista. Si en el Test de Afinidad. ¿A qué esperas para ser feliz conmigo? (2003) Gallardo invita al espectador a realizar un test que determine si ella es su mujer ideal. En Cita (2007) el encuentro ya está concertado? “Be mine” o “Be my Valentin”, que pueden leerse en la composición, son formas de persuasión que nos atraen al universo creativo de esta extremeña. Para los que se atrevan a llamar ahí va una pista (5) sorpresa para conquistarla: (c) cocina algo para comer con las manos. En uno de sus últimos trabajos puede leerse ?Hemos heredado un antiguo arte?, y así es, por una parte el arte de ser mujer y por otra la pintura.