Textos y artículos

Rosa orquídea negra

Juan Fernández Lacomba. Oct 04. Sevilla

Con su gracia febril paseó la Lola de Valencia por los escenarios del Segundo Imperio su cuerpo gentil a compás de boleros hispanos, moriscas miradas y golpes de abanico. Aquello supuso la irrupción de un mar de sensaciones nuevas en aquella Europa, como ésta de los negocios y la mecanización. Fue inevitablemente un acontecimiento que golpeó los sentidos de aquellos flaneurs parisinos, hasta el punto de no pasar desapercibida para aquellos primeros modernos como une fleur du mal, con su inevitable “charme inattendu d’un bijou rose et noire”, como atinadamente pudo consignar el mismo Baudelaire. Su compadre Manet, la retrató con aires de feminidad masculina y robusto orgullo de hembra. El mito de Carmen y la mujer mediterránea campeaban entonces como una proyección romántica del concepto de libertad, de lo masculino en lo femenino.

Mucho de sí, en este sentido, ha dado el arte occidental a partir de aquel entonces. Que duda cabe que cierta atracción, misterio y misticismo reviste todo lo femenino, al ser uno de los arquetipos activos de la vida y de los principios de interpretación cultural del universo mundo. Un principio inequívocamente unido al deseo y a los ritos de seducción. La focalización hacia este principio ha sido por tanto, un motivo recurrente en todas las culturas, en las cuales de manera especialmente fecunda se han producido respuestas fascinantes. Pero, lo femenino trata en primera instancia, de una parte esencial ligada a los mecanismos biológicos de lo humano, pero, también como parte fundamental de lo cultural, trata de un principio de energía y de fecundidad, que simbólicamente ha ido evolucionando a lo largo del tiempo en las diversas civilizaciones, y adquiriendo formas distintas de expresión y sentido. Haciéndose más explicitas y concretándose más en una actitud psicológica, con rasgos culturales personales y cada vez más propios, a medida que ha ido imponiéndose la modernidad.

Referido al mundo del arte postpop y postmoderno, una época de interacciones culturales y de fusiones de lenguajes y estéticas, se han reactivado nuevamente estos principios que irrumpen con gran efecto en la formalista y a veces neutra vida contemporánea. Aún reciente, hemos asistido al surgimiento de tendencias y a la aparición de personalidades artísticas que han puesto en valor, ya sea de manera esencialista o litúrgica, aquellos conceptos, referidos a la materia y sus principios de fecundidad orgánica. En muchos casos expresados de una manera esencial y simbólica, algo que ha sido escenificado, en particular por artistas mujeres de los más diversos talantes. Con variados lenguajes y posicionamientos, que van desde una Ana Mendieta, pasando por obras sutiles, evidentes o intensas, como personales, a lo Frida Khalo, o Louise Bourgueais. Otras, cuestionan o plantean más actualmente el problema de la identidad y el rol, como es el caso de Cindy Sherman.

Por otro lado, la constante de lo femenino como paradigma de una identidad de género, frente al mundo masculino invasor, halla hoy una respuesta en las wonderfull women, algo que haya podido ilustrar desde el mismo arte un chochismo como estética, y se evidencia en una chochocracia impertinente (así se ha llegado a denominar eso de la discriminación positiva) en todos los sectores. También en los de la cultura. No digamos últimamente en lo artístico. Recordemos que una de las mayores revoluciones del siglo XX ha sido la llevada a cabo por la emancipación femenina: Women are prepparing the invasion.

Pero la obra de MJG no ilustra expresamente esto, transciende, creo yo, el mundo de las consignas y las tácticas. Ella, entra en sus mitologías personales, se camufla, se embosca y se disfraza, o se trasviste tras los símbolos, como depredator vúlvico entre sus fetiches. Monumentaliza el deseo y sus ritos. Alude sin pudor a sus armas. Armas que a la vez son sus espejos, sus confirmaciones. Circuitos espesos de sus liturgias y ritos. Actúa desde una posición de Ama y nos muestra sus abalorios, sus Toys: sus mitologías, sus fantasías, sus caprichos y sus antojos del mundo del tocador. Quiere acampar, muy sexy, en su boudoir, o en el living de su personal harem poliándrico.

Unas veces Lolita, otras Carmen, Salomé o Dolorosa de la copla; elige impúdicamente ser Drag, otras Vamp, Queen? y siempre Gilda. MJG utiliza y dispone de unas claves que quiere imponerlas a los otros, a modo de intensos souvenirs siempre emboscados; con frecuencia, desde una pulsión artificial, casi de gran canto o de aria. En otras ocasiones la artista se complace en su propia vehemencia. Lo que justifica una impertinencia de ejecución que va más allá de la seducción de los contenidos. Necesita MJG monumentalizar sus propuestas, poniendo en evidencia sus artefactos y añadiendo una inteligente desinhibición a sus ensambles. Descarada inteligencia como arma teatral de seducción. De ahí que en muchas ocasiones aluda a universos y estilismos. A veces se trata de complicadas y barrocas páginas enciclopedistas de gadgets. Símbolos festoneados, diríamos, recamados, por/de flores, joyas, orlas, cadenas; coronas de espinas, verdaderos nidos de gemas, volantes, capitonées, moirrées, pieles?, de serpientes, destellos, sexuales rompimientos de gloria?Repertorios decorativos y escrituras de una entomóloga de la lívido. Retablos y constelaciones del fetichismo. Sexuales condecoraciones del deseo y la seducción. Glamurosos muestrarios florales y voluptuosos patterns: vúlbicos blasones/cepos visuales. Roleos y Cachemiras. Recorridos que la artista nos ofrece como un itinerario visual de reconocimiento. Complejos buscas, ¿Encontraste a Willy?: Magic Ring.

Decía Borges que “sólo podemos enseñar aquello que ya sabemos”, frase que viene al pelo a propósito de la plástica de MJG, más explícitamente cambiando el término enseñar por el de expresar o transmitir, por lo que la artista rezuma como animal sexual, un término que estoy seguro que a ella le encanta, como buena artista de hard glamour. Risas. Miradas.

Hojas de recortables de muñecas con trajes de quita y pon. Paraísos artificiales de make up y lentejuelas. De nuevo Oriente y el Trópico. La selva insondable. Magmas oscuros. Pegatinas de Tornasol. Orquídeas y colibrís. Dior y Cartier, Shiva y Barbie. Geishas y Odaliscas. Tigres y panteras. Erotismo Comando. La isla del tesoro. Dragones en cuevas húmedas. La danza de los siete velos. La fuente sagrada. El secreto de las amazonas. La fruta prohibida. El bosque encantado. El canto de las sirenas. El aliento húmedo y fecundo de las ciénagas. Los líquidos amnióticos. El Tocador de la Señorita Pepis. Carmín, bucles, tacones y rimel. El imperio de los sentidos. Flashes de Super Vixen? del cachondo Russ Meyer. La Dolce Vita. Diosas emplumadas de Cabaret y Music Hall? El impudor castizo de la Flores. El glamour aristocrático de la Callas. El de la Carmen Miranda. El de la May West? mucha Dolly Parson. Las Vegas y el mundo de la Bonies. Siempre las fenicias mediterráneas? Luxe Calme et Volupté. El morbo acrílico de las whisquerías de carretera, con parquets de plástico, neones y cortinas de terciopelo. El neorrococó de calamina. Mejor ser Ye-yé.

La NOCHE. Las Noches. Los banquetes nupciales? Y mucha Psicodelia?Mientras tanto, la rosa-orquídea-negra da media vuelta, e inclinándose ante un insondable espejo de mercurio, pinta de excitada fantasía sus labios. Como buen personaje, MJG es pintoresca, a lo neo Madona pero con una energía y rigor numantino, propio de las razas autóctonas de laespañainterior, del más allá? del Telón de Pana. Su estética duda de la asepsia y le divierten los excesos. Lo cual no le hace estar exenta de una femenina acidez dulce, rose et noir